Por Equipo ZenPop
· 26 de agosto de 2026
La vitamina A es una vitamina liposoluble con un mecanismo que se puede explicar casi imagen por imagen. En la retina se transforma en retinal, la molécula que se une a una proteína llamada opsina para formar rodopsina, el pigmento que permite ver con poca luz. Cuando un fotón golpea la rodopsina, la molécula cambia de forma y dispara la señal nerviosa que el cerebro interpreta como visión. Sin suficiente vitamina A ese ciclo se ralentiza, y el primer signo clínico de deficiencia en el mundo es justamente la ceguera nocturna, la dificultad para adaptarse a la penumbra.
Su segundo territorio es el epitelio. La vitamina A regula la diferenciación de las células que recubren la piel, las vías respiratorias, el intestino y la superficie del ojo. Ese recubrimiento es la primera barrera física frente a los patógenos, así que su papel inmunológico no es un extra: mantener el epitelio íntegro es parte de defenderse. Por eso los derivados de la vitamina A ocupan un lugar central en dermatología y por eso su deficiencia se asocia a piel áspera y a más infecciones respiratorias.
Hay un matiz que conviene tener claro. La vitamina A preformada, presente en alimentos de origen animal como el hígado, se acumula en el organismo y en dosis muy altas puede llegar a ser tóxica. Los carotenoides de origen vegetal, como el betacaroteno de la zanahoria o del zapallo, son precursores que el cuerpo convierte según necesita, y por eso no presentan ese riesgo. Es la diferencia entre recibir el producto terminado y recibir la materia prima con la que el cuerpo fabrica lo que le falta.
En ZenPop la vitamina A forma parte del complejo de vitaminas de la fórmula, en un aporte que queda por debajo del 5% del valor diario por porción, el umbral de declaración obligatoria en el cuadro nutricional peruano. Aparece en la lista de ingredientes del envase, junto al resto de micronutrientes que acompañan a los activos botánicos.